18 de octubre de 2017

Wonder Woman de George Perez 1(de 2): El origen definitivo de Diana de Themyscira






















En 1987, tras unas Crisis en Tierras Infinitas y tras renovar a sus dos grandes iconos, Superman y Batman, de las manos, respectivamente de John Byrne y Frank Miller, DC Comics decidió que ya era hora de tratar como se merecía al tercer icono de la editorial, casi tan famosa como sus partenaires masculinos, pero mucho peor tratada en sus vidas en papel.

El autor encomendado a dicha tarea fue el popular George Perez, que aunque había llamado la atención en Marvel Comics, sobre todo realizando a Los Vengadores, se ganó el favor del público y la crítica especializada, con dos trabajos emblemáticos en DC Comics, Los Nuevos Titanes y sobre todo, Crisis en Tierras Infinitas, ambas en colaboración con el guionista Marv Wolfman.



Perez, cuyo arte había destacado y le había convertido en un fan favourite, por su extremado y cuidado clasicismo y por un gusto por el detalle y la acumulación de personajes y entornos en sus viñetas sin perder un ápice de claridad expositiva, se encontró aquí con su mayor desafío hasta la fecha: hacer relevante un personaje que nunca había conseguido destacar más allá de su iconicidad y convertirlo en un título que generara la misma sensación de contemporaneidad y modernidad que habían conseguido los trabajos de Byrne y Miller.

El autor, conocedor de su falta de experiencia como guionista, se sirvió de la ayuda del semi-desconocido guionista Greg Potter (Jem Hija de Saturno) en los dos primeros números de esta nueva serie regular y del veterano y más que competente guionista Len Wein a partir del tercer ejemplar, para desarrollar el rico e interesante entorno mitológico en el que estaba entroncado la creación de William Moulton Marston y que nunca había sido suficientemente explotado, un poco al estilo de lo que hizo Walter Simonson, pocos años antes con Thor el Dios del Trueno.



Tras un memorable primer ejemplar de orígenes, donde Perez y Patterson se acercaron a los orígenes de Diana de Themyscira y sus hermanas amazonas desde un punto feminista y atrevido, donde el abuso sexual hacia las mujeres se puso en primer plano en un tebeo generalista a mediados de los años 80, Perez y asociados, desarrollaron en los primeros 14 ejemplares de su etapa -recopilados en un primer volumen de dos por ECC Ediciones, llamado Wonder Woman-La Mujer Maravilla Grandes Autores de Wonder Woman George Perez- una versión que podríamos considerar definitiva del personaje, donde el entorno mitológico y la mirada femenina se hicieron preponderante.

A través de dos grandes sagas, la primera dedicada a Ares y que ocupa los primeros seis ejemplares de la colección y la segunda "El Desafío de los Dioses", más un interludio de dos episodios para presentar renovada a una villana clásica del personaje como es Barbara Minerva, alias Cheeta, George Perez consiguió redondear casi perfectamente una historia en catorce partes, que ahondaba en el origen mitológico de Diana y su importancia para el mundo moderno, renovando sorprendentemente su relación con Steve Trevor, su amor desde los tiempos de Marston y reinterpretando tanto conceptual como gráficamente el panteón de dioses griegos, sobre todo a un imponente Ares, consiguiendo que una nueva generación de lectores, descubriera un rico y profundo universo, cuyo origen provenía de las historias clásicas y no de un universo comiquero compartido.



De personaje unidimensional y de escaso background, Diana se convirtió en epítome de la inocencia y el feminismo, un halo de luz que podría guiar tanto a una humanidad pesimista y cínica, como a un mundo de las viñetas inundado por aquel entonces de una oscuridad fruto de los estertores de una guerra fría que parecía no tener fin.

Cierto es que el tebeo no es perfecto, comenzando con el brillante trabajo gráfico de Perez en los primeros seis ejemplares y que luego baja de calidad, sin ser en ningún momento deficiente, motivado por un exceso de trabajo que hace que el entintador Bruce Patterson, tenga mayor responsabilidad a medida que pasan los ejemplares del acabado gráfico final de la obra y terminando con una resolución de los abusos sexuales de Hercules hacia las amazonas, que leído de nuevo, se hace difícil de aceptar.



Pero son pequeños detalles de una pequeña gran obra que quizás no pasará a los anales del medio como sus contemporáneas The Dark Knight o Watchmen, pero que si que es una excelente muestra de un tebeo de superhéroes clásico y convencional, que dentro de sus ajustados márgenes se atreve a ir un paso más allá y tratar temas que cualquier sociedad moderna y avanzada debe poner sobre la mesa, eso sí, adornado con aventuras, magia y fantasía que todo buen tebeo de superhéroes debe tener.

11 de octubre de 2017

Hellblazer de Andy Diggle: Corta pero intensa etapa del detective de lo oculto






















Tras 230 ejemplares, casi dos décadas de publicación ininterrumpida y una caterva de autores tan interesantes como Jamie Delano, Garth Ennis, Neil Gaiman, Mike Carey o Brian Azzarello, ¿qué más se podía contar del detective de lo paranormal más irreverente de la historia del cómic? Andy Diggle tenía una respuesta.



Y eso que Andy Diggle nunca ha sido santo de mi devoción, ya que nada de lo que había leído anteriormente me había llamado la atención, entre la indiferencia de su The Losers junto al dibujante Jock o la absoluta decepción del primer arco argumental de la serie del Hombre Murciélago que iba a sustituir a la legendaria Legends of The Dark Knight, llamada Batman Confidential y que inauguró Diggle junto al horroroso Whilce Portaccio.



Pero sus 20 ejemplares al frente de la cabecera de Hellblazer me ha hecho callarme mis palabras y como ya me ocurrió con la etapa de Mike Carey, darme cuenta que este Hellblazer es uno de las interpretaciones más puras de la creación de Alan Moore.



Diggle, apoyado por el trabajo de un soberbio y atmosférico Leonardo Manco en la gran parte de su etapa, consigue devolver al serial ese tono malsano y sucio que tenía el trabajo original de Jamie Delano antes de que le diera por el New Age y cerrar varias tramas abiertas y pequeños detalles que habían ido diseminando todos los autores previos que habían pasado por la historia del personaje.



Y a través de seis arcos argumentales que desarrollan una historia central, más un par de episodios autoconclusivos, sumado a un fill-in de auténtico lujo formado por Jason Aaron y Sean Murphy, este volumen de casi 500 páginas se deja leer con sumo agrado, provocando, asustando y dejando un poso en el lector como solo los mejores trabajos pueden dejar.

9 de octubre de 2017

Blade Runner 2049 de Dennis Villeneuve: Podemos seguir soñando con ovejas eléctricas






















En un panorama cinematográfico donde las secuelas, precuelas y reinterpretaciones de material están a la orden del día y donde la gran mayoría de las veces, el producto entregado palidece o es meramente una manera de exprimir de manera burda, títulos que han quedado en el inconsciente fílmico de los cinéfilos, la llegada de esta nueva aproximación a la adaptación del clásico cyberpunk basado en el relato de Philip K. Dick, "Sueñan los androides con ovejas eléctricas", es un verdadero milagro y un regalo para los fans de una obra original cuya calidad y sofisticación no ha hecho más que crecer en los 35 años que han pasado desde que se estrenó en el verano de 1982.



De los artífices de la película original solo quedan un Harrison Ford que demuestra tras mucho tiempo de cínicas elecciones, es capaz de volver a insuflar vida y nuevos matices a uno de sus personajes más icónicos, Philip Deckard y William Hampton, el guionista original de la obra de 1982, antes de ser sustituido en una de las mil reescrituras del guión por David Webb Peoples.



Ridley Scott abandonó la dirección de esta secuela -gracias a dios- para entregársela al canadiense Dennis Villeneuve, uno de los mayores talentos de la cinematografía actual, recién salido de una obra de ciencia ficción que es ya uno de las obras imprescindibles contemporáneas, La Llegada, sin olvidar trabajos tan destacados como Prisioneros o Enemy.



La sensibilidad mostrada por Villeneuve en sus obras posteriores, más su habilidad para impregnar de una atmósfera inquietante, a la par que hermosa, su obra, le hacía un candidato excepcional para continuar el legado de una obra tan grande y tan importante, que cualquier director temería acercarse a ella.



Pero Villeneuve consigue tanto honrar y continuar el tono, la atmósfera y el estilo que Scott plasmó en el año 1982, cambiando la percepción de la ciencia ficción cinematográfica a partir de entonces, e influyendo a varias generaciones de cineastas y aficionados en el proceso, sin perder las señas de identidad que le convierten en un autor, consiguiendo entregar una cinta fascinante tanto visual como temáticamente, de ritmo pausado pero subyugante, donde sus más de dos horas y media de duración se harán cortas para todo aquel que vuelva a enamorarse de ese futuro distópicamente bello.



Ampliando y planteando nuevos conceptos a un material de por si tan rico, este Blade Runner 2049 entrega dos primeros actos inmaculados, donde el desarrollo de la historia y de nuestro protagonista, un impecable y parco Ryan Gosling, van introduciendo al espectador en el rico universo de K. Dick, y donde Villeneuve continua los temas planteados por el original de Scott, pero sin olvidar sus propios intereses y motivaciones.



Y que decir del apartado técnico y visual del largometraje. Una maravilla, realzada por el sobrenatural trabajo de Roger Deakins como director de fotografía, donde los tonos azules del original dejan paso a una atmósfera de color ocre que refleja el fin de la civilización tal y como la conocemos, plasmando el fin del mundo más bello jamás rodado. Esto, acompañado por un score de Zimmer y Wallfisch que sabe continuar el legado de Vangelis pero donde Zimmer sigue impregnando el ambiente sonoro del filme de su personalidad. Súmale a esto un diseño de producción cuidado y original, más unos efectos visuales de primer orden y tenemos la experiencia audiovisual más fastuosa en mucho, mucho tiempo.



Quizás el libreto de Hampton y Green no consigue rematar las fascinantes tramas y conceptos apasionantes que nos son mostrados en los dos primeros actos, en un acto final que se resuelve a lo mejor con una premura que desconcierta tras dos actos que sabían tomarse su tiempo y que se dejaban paladear como solo se paladean los grandes manjares. Pero es un pequeño pero a una experiencia hipnótica, inteligente y tan diferente a lo que estamos acostumbrados dentro del terreno de los blockbusters hollywodienses, como lo fue la obra original en 1982.



En definitiva, una magnífica continuación del clásico de Ridley Scott, que no defraudará ni por asomo a los amantes de la obra original y donde la ambición de la obra original vuelve a demostrarse en un trabajo que Villeneuve ha sabido hacer suyo, consiguiendo algo muy complicado, honrar una obra tan reverenciada, sin perder sus señas de identidad, entregando una película que plantea nuevos conceptos, desarrolla los heredados y deja de nuevo al espectador con la misma ambiguedad y preguntas apasionantes que la obra original consiguió hace 35 años.

6 de octubre de 2017

Torpedo 1972 de Abulí y Risso: El retorno de un mito del tebeo patrio






















El regreso de uno de los personajes fundamentales de la historieta española a las librerías con un nuevo álbum tras 18 años de ausencia, es para el que aquí suscribe una de las mejores noticias de este año 2017. Su regreso, llega con todos los honores en una cuidada novela gráfica de 64 páginas, editada con primor por Panini Comics, bajo su sello Evolution, continuando la estética de sus imprescindibles recopilaciones del material clásico.



El personaje, cuyas andanzas escribió Enrique Sánchez Abulí y fue representada en imágenes por autores de la talla de Alex Toth y sobre todo Jordi Bernet, encandiló a una masa de lectores, entre los que me incluyo, donde la serie negra, la violencia, las bellas mujeres fatales y un sentido del humor a veces procaz y otras veces absurdo, que le emparentaba con los hermanos Marx, dieron como resultado uno de esos tebeos imprescindibles en toda comicoteca que se precie.



En este nuevo álbum, titulado Torpedo 1972, volvemos a contar con Abulí, pero mi adorado Jordi Bernet da paso a uno de esos autores donde la influencia del maestro de las luces y las sombras es más evidente, el dibujante argentino Eduardo Risso, conocido sobre todo, por sus colaboraciones con Brian Azzarello, en especial 100 Balas, un tebeo de serie negra donde el trabajo de Abulí y Bernet es gran parte de su inspiración.



En este nuevo álbum nos encontramos con un Torpedo crepuscular, enfermo de Parkinson, pero donde su mala baba y machismo recalcitrante sigue en completa forma. La nueva aventura de Torpedo, ambientada en el Nueva York de principios de los 70, nos muestra a un Torpedo arruinado, que mal vive junto a Rascal, su criado/amigo/confidente y donde su pasado exageradamente legendario, le hace adentrarse en una típica aventura de Torpedo.



Por lo tanto, el resultado de este nuevo álbum se sustenta de nuevo en los acerados diálogos de Abulí y el arte de un Eduardo Risso que había nacido para ilustrar las andanzas de este gangster, pero que queda lastrado por un número de páginas que quizá es excesivo para la anécdota que nos vienen a contar Abulí y Risso.



Pero en definitiva, la esencia de Torpedo, para lo bueno y lo malo, al igual que su incorrección política, sigue intacta. Así que, aquellos que hemos sido seguidores del personaje no podemos sentirnos defraudados, tampoco encandilados, con un álbum que sirve como punto final o punto y aparte, para que otros ilustradores dejen su impronta en un personaje mítico del noveno arte español.

5 de octubre de 2017

Batman/The Shadow de Snyder, Orlando y Rossmo: Una reunión histórica poco satisfactoria






















La reunión entre los dos vigilantes más característicos de la cultura pop se había hecho de rogar. Y es que La Sombra, el personaje del pulp creado por Walter Gibson en 1931 y popularizado tanto en relatos pulp, como sobre todo por la interpretación radiofónica perpetrada por el mismísimo Orson Welles, dio lugar a la creación de infinidad de justicieros de métodos expeditivos, hijos de los violentos años 20 y el crack del 29, entre los que destaca el Batman creado por Kane y Finger en 1939.



Porque Batman, al menos en sus primeras historias, era un remedo de Lamont Cranston, uno de los tantos alias que La Sombra utilizó a lo largo de su carrera. Pronto, Batman cambió su modus operandi y se convirtió en el legendario y popular personaje que ha perdurado a lo largo de las posteriores décadas, con mayor o menor popularidad, hasta el día de hoy, donde es uno de los iconos más característicos de la cultura pop.



Y si Batman provenía de las novelas pulp, siendo los comic books originales una derivación de dichos relatos, al menos en sus orígenes, La Sombra se trasladó al mundo de la cuatricomía en los años 70, de la mano de DC y los autores Denny O'Neill y Mike Kaluta, explotando la fama del personaje una década más tarde, con la revolucionaria y excelente miniserie realizada por Howard Chaykin y que introducía al personaje en el mundo contemporáneo, dando pie a su leyenda inmortal.



En la actualidad, La Sombra, publicada por Dynamite Entertainment está viviendo una nueva juventud, de la mano de autores como Garth Ennis, Cullen Bunn y sobre todo Matt Wagner. ¿Y qué mejor que unir fuerzas con su legado más popular, con el Caballero Oscuro, para que los lectores de antaño nos dejemos llevar por la nostalgia y los nuevos lectores descubran a aquel misterioso y carismático personaje que fue el origen de los adorados vigilantes enmascarados?



Los autores encargados de la tarea, son ni más ni menos que el adorado Scott Snyder, junto al menos talentoso Steve Orlando, acompañados por el atractivo arte de Riley Rossmo, que con su fusión entre luz y oscuridad y un trazo perversamente cartoon, era a priori una buena elección para contar el tardío primer choque entre los vigilantes más icónicos de la historia pulp y pop.



El resultado es irregular, porque después de un arranque prometedor, donde a lo largo de los tres primeros ejemplares de un total de seis, Snyder y Orlando integran la larga historia de ambos personajes, fusionando su largo discurrir y planteando preguntas, sobre todo a los seguidores del murciélago, sembrando la sombra de la duda con la relación de La Sombra en la génesis de Batman, haciendo uso de los recursos del metalenguaje, para trasladar a las viñetas y al mundo de la ficción, aquello que ocurrió en el mundo real, sin olvidar de señalar las diferencias entre los expeditivos métodos de La Sombra y la moral de Bruce Wayne.



Pero la serie comienza a tambalearse, cuando comenzamos a saber más de la némesis a la que se enfrentan ambos personajes, donde Snyder vuelve a repetir los ya gastados preceptos que le laurearon la fama con su Corte de los Búhos. Poco ayuda la inclusión a capón de un Joker poco definido y nada desarrollado, que entorpece la trama, en vez de hacerla avanzar.

En definitiva, una oportunidad perdida, que se deja leer, gracias al peculiar arte de Riley Rossmo y una primera mitad que plantea interesantes puntos de partida, pero que queda diluida por una poco inspirada segunda mitad de una miniserie y unos iconos que se merecían mucho más que lo entregado finalmente.

3 de octubre de 2017

Doctor Extraño y La Bruja Escarlata: Remodelando el entorno mágico del universo Marvel






































Más o menos, en el mismo periodo de tiempo, dos de las series más interesantes del panorama reciente de Marvel Comics, han llegado a su fin. Dichas series son la laureada etapa del Doctor Extraño realizada por el equipo formado por Jason Aaron y Chris Bachalo, junto a artistas de verdadero lujo como Kevin Nowlan o Frazer Irving y la serie de La Bruja Escarlata en manos de James Robinson y un equipo artístico formado en su mayor parte por la mejores artistas femeninas del panorama actual.



La salida inesperada de Jason Aaron y Chris Bachalo de la serie regular del propietario del 177A de Greenwich Village me ha pillado completamente por sorpresa. El motivo, no solo la alta calidad del trabajo realizado hasta el momento por el duo creativo, sino porque de la última hornada de títulos, este era uno de sus trabajos más potentes.

No puede ser casual, que el relativo caos que vive la Casa de las Ideas actualmente, sea el motivo por el que Aaron y Bachalo hayan abandonado el barco. Porque el trabajo de redefinición que habían acometido ambos autores, apuntaba hacia un trabajo de una mayor extensión, al estilo de la etapa de Thor realizada por el mismo Aaron.



En escasos veinte números, Aaron y Bachalo aportaron una gran cantidad de conceptos novedosos y originales a un personaje que siempre ha estado en un discreto segundo plano dentro de la editorial, al estilo del realizado por Moore en La Cosa del Pantano o Neil Gaiman con su Sandman. Incluso el estilo narrativo y el tono de la serie, realzado por el arte de Bachalo, entroncaba esta serie regular más con el estilo de los tiempos pre-Vertigo que con el típico tebeo de Marvel.



Y con eso nos hemos quedado, con un primer acto esplendoroso, aunque en sus últimos ejemplares había comenzado a renquear, quizás porque los autores estaban ya con la cabeza en sus futuros proyectos, cediendo a los autores que tomen las riendas del Maestro de las Artes Místicas un duro trabajo: Ser capaces de sacar partido de la magia que Aaron y Bachalo han sabido encontrar en un personaje y una serie, que daba su mejor cara, cuando se dedicaba a indagar en los pequeños/grandes detalles de la vida diaria de uno de los personajes más emblemáticos de la Casa de las Ideas.



En cuanto a la serie regular de La Bruja Escarlata en manos del irregular James Robinson, destacar sobre todo la titánica tarea que el guionista especializado en resolver entuertos relacionados con la continuidad, siendo la Bruja Escarlata uno de los personajes del universo Marvel, más tocado por la misma.



Porque, tras el entuerto de Rick Remender y posterior espantada del guionista de la Casa de las Ideas, tras tener que convertir a Wanda y su hermano Pietro en no hijos de Magneto, consecuencia de las luchas cinematográficas entre Marvel Studios y Fox, Robinson ha tenido quince ejemplares de margen para dar un sentido a tamaña astracanada.



El resultado es interesante, pero no redondo, comenzando la serie con fuerza y apoyado sobre todo por historias autoconclusivas mejores y peores, destacando sobre todo el número entre Pietro y Wanda y por un plantel de dibujantes femeninas, donde brillan con luz propia Margarite Sauvage, Vannesa del Rey o Joelle Jones y las impresionantes e imprescindibles cubiertas del maestro David Aja.



La búsqueda de la verdadera madre de Wanda queda resuelta parcialmente, no sabemos si porque la editorial quiere sacarse de la manga un nuevo evento para resolver el asunto, escamoteándonos la identidad de la figura paterna, o por haber sido cancelada la colección de manera precipitada. Cierto es que los últimos cinco ejemplares no están a la altura de los primeros diez números de la colección, curioso sobre todo, porque esos últimos ejemplares son donde se desarrolla la trama principal del serial. ¿Quizás porque Robinson estaba más cómodo indagando en la personalidad y la mente de Wanda, que en resolver algo que el escritor no había imaginado ni pedido?.



Pero quitando criticables decisiones editoriales, las últimas etapas de los dos personajes mágicos por antonomasia del universo Marvel, nos han entregado grandes momentos y sus autores han demostrado que es posible seguir dando a los fans, tebeos y conceptos frescos, que no necesitan de grandes crossovers ni rebuscadas revelaciones, para que una serie se convierta en un imprescindible de las compras mensuales de cualquier fan.

1 de octubre de 2017

Madre! de Darren Aronofsky: Del dolor del proceso creativo y el narcisismo del creador

















¡Obra maestra!¡La peor película de la historia del cine! Desde que se proyectara el nuevo filme de Darren Aronofsky en el pasado festival de Venecia y se estrenara en Estados Unidos el pasado 15 de Septiembre, la película no ha dejado a nadie indiferente, considerándola la película más terrorífica y agresiva de las últimas décadas o la mayor tomadura de pelo que se recuerde en mucho tiempo.



La realidad, es que la película no es ni una cosa ni otra. No es la gran obra maestra de Aronofsky -El Cisne Negro, The Fountain y Requiem por un Sueño son películas mucho más redondas- ni tampoco es una de las peores películas de la historia del cine. En mi modesta opinión, es una obra arriesgada que derrapa en un excesivo acto final, donde se encuentra el mejor y el peor Aronofsky.



La última obra de Aronofsky, sin entrar en desvelar una trama que se intuye desde los primeros minutos del metraje, se centra en el arte, en la creación de una obra de arte, los sacrificios que hay que realizar para llegar a ella, los obstáculos que se interponen en la creación de la misma y la recepción del público a la misma.



A partir de ese punto de partida, que funciona a la perfección en los dos primeros y sólidos actos, con un ritmo y una angustia in crescendo, apoyada en las excelentes interpretaciones de Jennifer Lawrence y Javier Bardem y apoyados en unos espléndidos y siniestros Ed Harris y una felizmente recuperada Michelle Pfeiffer, junto a la Casa, el otro gran protagonista del filme, la película aterriza en un tercer acto apocalíptico, donde Aronofsky aúna de manera irregular, los temas planteados en el primer acto de Noé, junto a la locura lisérgica del acto final de Requiem por un Sueño y elementos ya presentes en ese camino a la locura que es su Cisne Negro.



La provocación de las imágenes plasmadas en ese acto final, solo pueden ser consideradas reprobables si nos encontráramos ante una obra donde aquello que se nos cuenta y se nos muestra se tomara de una manera literal. Pero la obra navega y se sumerge en el simbolismo y la alegoría, y desde ese punto de vista, la obra de Aronofsky se antoja a su vez, tan inteligente y brillante en muchos aspectos, como auto-indulgente en otros muchos, donde Aronofsky se convierte en su alter ego en la pantalla grande, el personaje interpretado por Javier Bardem.



En definitiva, una obra tan excesiva como inquietante, donde sus dos claustrofóbicos e inquietantes primeros actos, quedan por igual, lapidados y elevados por un acto final, donde Aronofsky, poseído por un virus febril, vomita todos sus intereses e inquietudes de una manera tan visceral y apasionada, que lógicamente provoca una reacción visceral por parte de una audiencia acostumbrada a un cine mucho más domesticado y anestesiado, aunque quizás el exceso de pasión, no ha conseguido que Aronofsky remate con excelencia un proyecto tan original como irregular.
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