5 de diciembre de 2016

Frantz y Aliados: Dos maneras diferentes de transmitir las consecuencias de la guerra






































Casualidades de la vida, el miércoles pasado tuve oportunidad de ver dos películas que de manera muy diferente y con resultados muy dispares, tratan las consecuencias individuales de un conflicto tan general y aborrecible como la guerra.






Las películas son dos: Frantz de Francoise Ozon, tras su maravillosa Joven y Bonita y Aliados de Robert Zemeckis, tras su espectacular pero vacía The Walk. Dos obras que son la noche y el día en cuanto a intenciones y resultados cinematográficos.




Frantz es una bella obra, sensible y trágica que auna lo mejor de autores como Bergman o Haneke en su crudeza, pero que también tiene espacio para la belleza bucólica de un Rohmer. A través de los ojos de una joven que ha perdido a su prometido y con él cualquier posibilidad de futuro, unos padres que se plantean si ellos son los responsables de la muerte de su hijo y un joven soldado francés que no puede avanzar hasta que no se saque la espina de un secreto que anida en su interior, le sirve a Ozon para entregar una obra lúcida e inteligente, donde refleja la sinrazón de los conflictos bélicos, la xenofobia, las semillas del nazismo a través de los ojos de unos personajes llenos de humanidad, en una obra repleta de imágenes sutiles y bellas y diálogos brillantes.




 En cambio, Aliados de Zemeckis, vuelve a demostrar los problemas de la última etapa como director de Zemeckis. El director de clásicos como Regreso al Futuro o Forrest Gump, sigue obsesionado con la técnica y entrega una obra perfectamente dirigida, repleta de hallazgos visuales y un gusto exquisito por intentar reproducir la grandeza del cine clásico al estilo de David Lean en algunos pasajes o la Casablanca de Curtiz, pero falla estrepitosamente en dotar de humanidad y sentimientos reales a la pareja protagonista, interpretada con convicción por una Marion Cotillard que hace lo que puede con el endeble personaje sacado del libreto de Steven Knight. En cambio, Pitt aumenta las debilidades del guión con una interpretación acartonada y mustia.




 En definitiva, Franz es una obra destacable, de lo mejor de este año cinematográfico que se acaba y Aliados es el ejemplo perfecto del mal endémico del Hollywood actual, mucho ruido y pocas nueces, visualmente apabullante, pero vacía de contenido.

4 de diciembre de 2016

Hellblazer de Jamie Delano 3 (de 3): Miscelanea de contenidos irregulares


























ECC termina de recopilar la etapa de Jamie Delano en un tercer volumen que es mucho más que eso. De su etapa inicial, incluye los últimos cinco ejemplares y para completar el volumen, incluye dos trabajos posteriores en el tiempo del escritor, la miniserie Bad Blood y la novela gráfica Pandemonium, de los años 2000 y 2010 respectivamente, una historia corta aparecida en el número 250 de la serie regular y como complemento la corta etapa de Eddie Campbell al frente del personaje, que coincide en el tiempo con el fin de la etapa Ennis y antes de la llegada de Paul Jenkins al serial.



A Delano hay que reconocerle su atrevimiento al coger un personaje de Alan Moore e insuflarle mucha más vida, pero leídos 25 años después de su publicación, se antojan densos, pedantes y repletos de palabrería, quedando muy por detrás de obras coetáneas como el Animal Man de Morrison, La Doom Patrol de Morrison o el Shade de Milligan.



Delano termina su etapa con tarot, misticismos y palabrería vacua, con un Constantine desvirtuado y tebeos de ardua lectura. Tras este epílogo, el volumen incluye la etapa de Campbell, una rara avis dentro de la colección, con buenas intenciones pero endeble resultado, solo salvable por el siempre solvente Sean Philips.

De ahí pasamos a la miniserie Bad Blood, donde Delano nos lleva a un futuro que ya es presente para nosotros, con un Constantine septuagenario que se ve envuelto en una historia paródica influída por la llegada de los laboristas al gobierno inglés y con el fondo de la muerte de Diana de Gales para llevar a cabo una irregular parodia de la aristocracia inglesa y el auge de los reality shows, ilustrada adecuadamente por Philip Bond.



Y el volumen concluye con el mejor trabajo incluído en el tomo, Hellblazer Pandemonium, una novela gráfica escrita por Delano e ilustrada con mucho estilo por Jock que nos devuelve de nuevo al mejor Delano, con una obra de terror político, con el terrorismo islamista y la guerra de Irak como telón de fondo, convirtiéndose en el mejor relato de Constantine escrito por Delano, junto a los primeros ejemplares aparecidos en el año 1988.



 En definitiva, un volumen para el completista. La etapa Delano, aunque importante por ser la primera, ha envejecido mal y queda muy por debajo del trabajo de autores posteriores como Ennis, Jenkins o Carey.

2 de diciembre de 2016

Clean Room de Gail Simone y Jon Davis-Hunt:Un tebeo perturbadoramente fascinante






















Aunque la línea Vertigo hace mucho que dejó de ser el referente de la irreverencia del comic mainstream americano, sigue de vez en cuando ofreciendo títulos que recuperan el espíritu irreverente de aquellos tebeos que marcaron a una generación de lectores.



Dos autores vienen a la cabeza cuando pensamos en dicha irreverencia: Grant Morrison y Peter Milligan. Ambos autores llevaron a los lectores a mundos dentro de mundos, donde las teorías conspiratorias, la revolución de las ideas y la mente, sumado a un horror-erótico tan pertubador como fascinante salpicaban las páginas de unos tebeos que aún hoy siguen siendo más modernos y atrevidos que sus contemporáneos.



 El relevo lo toma la guionista Gail Simone, una autora que no he seguido con asiduidad y que es sobre todo conocida por su larga etapa al frente de Las Aves de Presa, el grupo formado por Canario Negro, La Cazadora y Barbara Gordon y que demostró como escribir personajes femeninos interesantes y convertirlos en algo más que elementos decorativos.



Simone, apoyada por el detallado, retorcido y limpio arte de Jon Davis-Hunt, un alegre descubrimiento, que aúna la brutalidad de un Steve Dillon, con el detallismo y pulcritud de un Cassaday o Quitely, adentra al lector en un universo donde las incógnitas son mayores que las respuestas, absolutamente críptico en su primer arco argumental, pero que va dosificando de manera inteligente los misterios que contiene en su interior, mezclando de manera fascinante las sectas de auto-ayuda, la desidia contemporánea, la frivolidad de la fama y el horror Lovecraftiano, en un tebeo que bebe de muchas fuentes pero que consigue una identidad propia.



 Un abundante y misterioso reparto de personajes, en su gran mayoría femeninos, enriquecen una historia ya de por si compleja, con un elenco que atesora secretos incofesables y que Simone sabe ir dosificándolos para que el lector no pueda soltar el volumen hasta llegar a sus páginas finales. 



 En definitiva, un tebeo poco conocido que merece ser reivindicado, no solo porque nos trae de vuelta a la Vertigo más irreverente y provocadora, sino porque es una verdadera delicia para aquellos lectores que les guste adentrarse en el lado más oscuro y siniestro de la ficción con toques de ciencia ficción y terror.

30 de noviembre de 2016

Caballero Luna: Bienvenido a Nuevo Egipto de Jeff Lemire y Greg Smallwood. Un atractivo punto de arranque para Marc Spector

























Personaje de culto donde los haya, Caballero Luna ha pasado por mil y una revisiones en los últimos años, intentando ganarse un lugar en las librerías y recuperar ese aura que consiguió en la innovadora etapa de Moench y Sienkiewicz de los años 80. Yo, que tengo unos gustos particulares, disfruté de la vilipendiada etapa de 12 números realizada por el equipo creativo formado por Bendis y Maleev y me dejaron indiferente los seis números de Ellis y Shalvey, exceptuando el elegante cambio de vestimenta del anti-héroe.



 Mi falta de interés por lo narrado por Ellis, en un ejercicio muy parecido a lo entregado en su Global Frequency, tebeo que tampoco me llamó la atención en su momento, hizo que me desentendiera del volumen de Brian Wood y el siguiente realizado por Cullen Bunn. 



Pero en este reinicio continuo del cómic americano, donde autores, personajes y colecciones son redefinidas cada poco tiempo, le llega el turno a Marc Spector para intentar volver a llamar la atención del aficionado, con una etapa de la mano de Jeff Lemire y dibujada por Greg Smallwood.



Lemire comienza su etapa con una premisa que aunque poco original -el héroe encerrado en un manicomio dudando de su cordura- es completamente lógica con un personaje como Spector, un millonario vigilante repleto de traumas y con una escisión de personalidad digna de estudio por cualquier psicólogo y psiquiatra que se precie. 



 El guionista de La Extraordinaria Patrulla X juega con ese conocimiento previo que el lector tiene del personaje para adentrarse en una fuga psicogénica que le sirve para homenajear la historia primigenia del personaje narrada por Moench y Sienkiewicz y traer de vuelta al conjunto de personajes que acompañaban al vigilante en sus primeras aventuras.



Para el lector veterano es un lujo encontrarse de nuevo con Gena, Frenchie o Marlene, también encerrados en dicho manicomio, pero aun más atractivo es el trabajo gráfico de Greg Smallwood acompañado del acertado color de Jordi Bellaire, que imprime al tebeo de un estilo elegante y completamente diferente al resto de títulos de la editorial.



Apoyado en el diseño gráfico de Samllwood y su excelente uso del espacio negativo entregando algunas de las páginas más bellas de la historia reciente del cómic americano, Lemire juega con personajes y lectores en una historia que mezcla realidad y alucinación de manera ejemplar y que deja un cliffhanger que obliga al lector a esperar con interés el segundo volumen de las nuevas aventuras de un Marc Spector/Steve Grant cuyo destino únicamente sabe su actual escriba, Jeff Lemire. 

28 de noviembre de 2016

La Llegada de Dennis Villeneuve: Obra cumbre de la ciencia ficción














Dennis Villeneuve ha sido un soplo de aire fresco para el adocenado cine de Hollywood actual. Director atmosférico, elegante e inteligente, ha sido capaz de saltar de género con facilidad sin perder sus señas de identidad como reflejan Prisioneros, Enemy y Sicario. Pero necesitaba un más difícil todavía, la ciencia ficción y con La Llegada consigue situarse entre los más grandes.



Partiendo de la tópica premisa de alienígenas aterrizando en el planeta Tierra, Villeneuve aborda temas como el primitivismo de nuestra sociedad, la maldición del destino y el poder del lenguaje como herramienta del cambio o la destrucción. Todo ello apoyado en la sutil y pluscuamperfecta interpretación de la cada vez mejor Amy Adams, que soporta el peso del largometraje y que es secundada con acierto por actores como Jeremy Renner y Forest Whitaker.



Villeneuve con su sosegado e intrigante ritmo, imprime un tono diferente y que pide del espectador la paciencia y la concentración suficiente para que la historia avance de manera pausada para llegar a un desenlace que cierra la narración de manera absolutamente perfecta y que hace replantearse al espectador todo aquello que ha visto, al igual que las cuestiones básicas que nos hacen humanos.



Una película imprescindible que demuestra que no todo está contado y que siguen existiendo autores innovadores y arriesgados. Una película de factura y fondo perfecto, diferente al cine en serie al que nos ha acostumbrado Hollywood y que se coloca ya entre los grandes clásicos de la ciencia ficción inteligente, a la altura de obras como 2001, Interstellar o Encuentros en la Tercera Fase, de las que bebe pero consiguiendo llevar un paso más allá los preceptos de cada una de ellas, entregando un espectáculo que apela tanto a los sentidos como a la razón. Una obra maestra.











27 de noviembre de 2016

Fuerza-V post-Secret Wars: Un regreso por la puerta de atrás





















Fuerza V fue el título estrella de las Secret Wars orquestadas por Jonathan Hickman. Un título que tuvo repercusión mediática por formar un grupo formado por la plana mayor de heroínas Marvel, escrita por la guionista de moda, G.W. Wilson, creadora de la nueva Ms. Marvel y espectaculares y clásicos dibujos de Jorge Molina.



 En el sinfín de títulos alternativos que aparecieron en dichas Secret Wars, Fuerza V brilló con luz propia gracias a la perfecta sincronía de guionistas (Wilson coescribió con Marguerite Bennet) y el dibujo de Molina. Un tebeo que recuperaba el aroma de los clásicos tebeos de la editorial, con una historia potente con traidor incluído que se leía con absoluto placer, además de estar repleto de carismáticos personajes, en especial Singularidad.



Las Secret Wars terminaron y el universo Marvel volvió a ser el mismo de siempre, con ligeros detalles pero donde los acontecimientos de la odisea Hickmaniana por el momento poca trascendencia han tenido en ese nuevo punto de partida. Pero el concepto de Fuerza V lo quería mantener Marvel. Y así en la primera historia en cuatro partes del nuevo volumen, la pareja de guionistas trajeron de vuelta a Singularidad, escapada del Multiverso de Muerte trayéndose consigo a un reverso tenebroso llamado Anti-Materia.



 En dicha historia en cuatro partes, se plantan las bases algo forzadas del reencuentro de parte de ese grupo de heroínas. Y lo hacen en un tebeo entretenido pero superficial, debido sobre todo no al buen hacer del mismo equipo creativo del volumen original, sino que en esta nueva Marvel poco dada a mencionar su reciente pasado, hace que este grupo de heroínas unidas para cerrar las brechas temporales que ha abierto Singularidad en su llegada a esta Tierra sea intrascendente.



Terminado el primer arco argumental, se bajan del barco G.W. Wilson y el genial Jorge Molina a los lápices, quedando a cargo de los guiones su co-guionista Msrguerite Bennet, que aunque no hace un mal trabajo, no alcanza los niveles de excelencia que tenía la colección junto a Wilson. Lo mismo para el sustituto gráfico, Ben Caldwell, un buen dibujante venido del campo de la animación, que no hace olvidar el arte de Molina.



 El resultado final, un tebeo que se lee con agrado, cuyo mayor valor es la excelente química y desarrollo del grupo femenino, pero que no se devora con pasión y que no deja con ganas de más. Y eso, en un mercado sobresaturado de títulos, hace preveer que su tiempo en las estanterías será muy limitado.

25 de noviembre de 2016

Los Vengadores de Mark Waid, Mahmund Ashrar y Adam Kubert: Sentimientos encontrados






















Aunque sea una minoría y los lectores clásicos se me echen encima, para mi los últimos 10 años de las series Vengadoras han sido de las mejores de la historia del longevo grupo creado por Stan Lee y Jack Kirby en 1963. Tanto Bendis como Hickman en sus largas etapas entregaron historias diferentes, las del primero más cercanas y con los pies en la tierra, el segundo más cósmicas y complejas que volvieron a poner en el punto de mira a un supergrupo que desde mediados de los 80 solo había brillado levemente cuando Kurt Busiek recicló junto a Perez los hallazgos de guionistas como Shooter o Stern, pero sin aportar nada nuevo o de su cosecha.



Cierto es que Bendis perdió fuelle en sus últimos años o que a Hickman a veces se le iba la pinza e incluso podía llegar a ser algo espeso en según que momentos, pero lo que nadie puede negar es que entregaron dos obras muy personales y que sus hallazgos e ideas han dado forma al universo Marvel del siglo XXI, nos guste más o menos.

Pero el final de las Secret Wars han dado como resultado una nueva Marvel. Una Marvel que cada vez se mira más en su espejo cinematográfico y que quiere ganar nuevos tipos de lectores, de menor edad, de diferentes sexos y etnias. Y eso no es nada malo, sino todo lo contrario.



Poner en manos de Mark Waid, un guionista nada revolucionario al estilo de un Bendis o un Hickman, pero que sabe aunar tradición y modernidad mucho mejor que por ejemplo un Kurt Busiek, era una garantía de un buen tebeo, sin olvidar el magnífico trabajo que ha hecho con Daredevil en los últimos años o con el Capi y Ka-Zar en los 90.

La idea de Waid y la editorial es dejar atrás la magnificencia de la época Hickman y poner a Los Vengadores con los pies en la tierra. Para ello, les ha quitado los miles de millones, los ha convertido en un grupo con presupuesto ajustado y para equilibrar un tebeo que guste a los lectores jóvenes y veteranos, una alineación de nuevas viejas caras.



Unos Vengadores sin el trío por antonomasia es casi inconcebible. Y por eso tenemos a Iron Man, Thor y el Capitán América. Pero de los tres, el único de los originales es Tony Stark, mientras que los otros dos vienen de los cambios propiciados en las magníficas series regulares de ambos personajes guionizadas por Jason Aaron y Nick Spencer respectivamente.

Entre los jóvenes integrantes tenemos a las dos estrellas de la Marvel actual, Miles Morales/Spiderman y Kamala Khan/Ms. Marvel y en menor medida el nuevo Nova. Como nexo entre lo clásico y lo nuevo, un integrante posterior pero tremendamente icónico como es La Visión, de plena actualidad por su papel en las últimas entregas Marvel cinematográficas y protagonista absoluto del mejor tebeo de la Marvel actual, La Visión de Tom King.



Con estos ingredientes y Mark Waid a los guiones, en principio nada podía fallar. El problema, que aunque la receta y el chef sean excelentes, puede que la mezcla no llegue a cuajar del todo. Y no me entendáis mal, Los Vengadores de Waid tienen elementos que me gustan y me hacen acercarme mes a mes a la colección. La relación de amor-odio entre Kamala y Nova, el misterio de La Visión y su extraño comportamiento en la primera saga con la que arranca la etapa, la incipiente relación entre Jane Foster y Sam Wilson o la llegada de una nueva Avispa, con un personaje que a priori tiene potencial.

Pero a la serie le falta un algo, un punch que la eleve a los cielos. Y es que una amenaza Chitauri, el regreso de Kang o el viaje a la Zona Negativa y el encuentro con Annihilus no desprende la épica que la ocasión lo merece. Y es que el enfoque y el tono es más cercano a la nueva Ms. Marvel que a un tebeo de Los Vengadores, siendo la ligereza y el desenfado sus mayores cualidades.



Esa ligereza hace que la serie no tenga la intensidad necesaria para un tebeo que es eje de la editorial. El arte de Kubert y Ashrar tampoco ayuda. El primero, porque desde hace años se ha ido abandonando y lo que antes era marca de la casa, ahora se ha convertido en dejadez, con páginas que parecen más bocetos que artes finales. El segundo, un magnífico autor de trazo juvenil y limpio, es más apropiado para un Miles Morales o una Kamala Khan que para Los Héroes Más Grandes de la Tierra.

Habrá que darle tiempo. Pero el problema, que entre eventos metidos a capón (ya han pasado por Punto Muerto y ahora vienen las Civil War) y los anunciados cambios en el status quo en el horizonte pueden echar por tierra una etapa que a lo mejor Waid quiso ir cocinando a fuego lento y que por precipitados imperativos editoriales se quede a medio cocinar y pase a la historia como una oportunidad perdida y efímera, un curioso pie de página en la historia del supergrupo y no la gran etapa revitalizadora que Waid, la editorial y una gran parte del fandom pedía y anhelaba.
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