12 de septiembre de 2011

Punisher Max: Kingpin de Jason Aaron


Punisher Max: Kingpin de Jason Aaron y Steve Dillon (Punisher Max 1 al 5 USA). 

Tras las dos etapas que el escritor irlandés Garth Ennis realizara de este justiciero urbano durante la década pasada, primero en el sello Marvel Knights junto al dibujante Steve Dillon y posteriormente en una serie de 60 números en el sello Max, y lo llevara al extremo de lo permitido en un tebeo mainstream, se demostró que Frank Castle, el Castigador ya no podía pertenecer al universo Marvel tradicional. 


Intentando estar a la altura de Ennis, muchos guionistas provenientes de la televisión o de la novela negra probaron suerte sin conseguir que el publico olvidara a su irreverente antecesor. Ha tenido que llegar un nuevo guionista de joven hornada e inmenso talento como es Jason Aaron (Scalped) y superar en una primera historia, las dosis de sexo y violencia extrema que un experto como Ennis había plasmado en su larga etapa al frente del personaje. 

Si Ennis en su primera aproximación al personaje tiró por el camino de la parodia y lo exagerado, ayudado por el hiperrealismo caricaturizado de Steve Dillon, y en el sello Max por un universo realista y violento sin gota de humor, Aaron ha tirado por el camino del medio. Por una parte, su historia no tiene dosis de humor pero si que recuerda en sus abcesos de violencia (violaciones, niños degollados) al Ennis más salvaje. No es casual que su compañero a los lápices sea Steve Dillon, que aquí demuestra cuando trabaja en un proyecto en el que está motivado y como otros los hace para cubrir el expediente y llegar a fin de mes (Ultimate Avengers). 


Y que nos cuenta este primer trabajo de Aaron y Dillon al frente de Punisher. Pues ni más ni menos que una reinterpretación de Wilson Fisk, también conocido como Kingpin, el archienemigo de Daredevil. Kingpin es el protagonista de nuestro relato, quedando Frank Castle como mero invitado de lujo, casi un observador del aterrador camino que lleva a Fisk al poder de la mafia neoyorkina. 


Porque el Kingpin que vemos en este relato no es el de siempre. Aquí es un joven matón de tres al cuarto, cuyo repulsivo aspecto oculta una mente fría y calculadora que le hará conseguir el éxito profesional sin ningún tipo de escrúpulos. La mirada a su infancia nos deja con una escalofriante imagen donde las ratas son determinantes y también somos testigos de como se las gasta Fisk con la gente que le daña. 


La aparición de Punisher es meramente testimonial y su enfrentamiento con ese ex-asesino de la mafia reconvertido a los amish es quizás lo más flojo e innecesario de un relato cuyas grandes bazas las tiene la prehistoria de Kingpin, en una reinterpretación fabulosa, negra y turbia que seguramente se quedará en nada comparada con la que pueden tenernos preparada Aaron y Dillon en la siguiente saga de la colección, con el origen reinterpretado de Bullseye.

1 comentario:

  1. Me ha gustado bastante pero creo que Aaron es capaz de hacerlo mejor. Esperemos al siguiente arco

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