14 de diciembre de 2017

Dark Nights Metal 3 y Dark Nights Batman Lost 1: Reescribiendo inteligentemente la historia del Universo DC






































¿Cuánto tiempo hace que no había una Gran Historia en el mundo de los tebeos de superhéroes que te hiciera vibrar de emoción, que te hiciera preocuparte de cómo iban a salir tus héroes favoritos del entuerto en el que habían caído?¿Cuánto tiempo que unas némesis eran tan infernales y peligrosas, que un escalofrío te recorría la espalda ante su sola presencia? Es difícil recordarlo, porque hace mucho que esto no ocurría. Pero Scott Snyder ha obrado el milagro con Metal, su colofón a muchos años de carrera al frente de la franquicia del Hombre Murciélago, pero que sin que lo supiéramos, unía puentes con obras tan míticas y fundamentales como Crisis en Tierras Infinitas.



Cierto es, que sabemos que las aguas volverán a su cauce y que el daño realizado a nuestros queridos héroes de ficción será subsanado en el clímax del serial, pero este tercer ejemplar es una buena muestra de ese gusto masoquista de ver sufrir a unos héroes que se han equivocado y van a pagar duramente el error. Snyder, apoyado por un cada vez más suelto y resolutivo Greg Capullo, mete el dedo en la llaga, iniciando el tercer ejemplar de este Metal, con una idílica reunión campestre entre la trinidad de DC y sus amigos y familiares más allegados, para mostrarnos dos páginas más tarde, que esa bella estampa es un caramelo envenenado para que la caída en las fauces del infierno del universo DC, y que la temeridad de Batman ha provocado, sea más dolorosa para los lectores.



Snyder nos da un respiro en esa reunión de héroes en un punto intedeterminado del espacio-tiempo, consiguiendo aquello que parecía ya imposible en las subcompartimentadas franquicias en las que se había convertido el universo DC, reuniendo a personajes tan olvidados y dispares como Doctor Fate, Plastic Man, junto a los más exitosos e icónicos Superman, Wonder Woman o Green Arrow. Y lo consigue sin que chirríen, dándoles a todos su momento de gloria, sin que ninguno de ellos sobresalga por encima del resto. Pero esta reunión superheróica que da al lector una sensación de falsa seguridad, se quiebra en un tercer acto donde el infierno se desata, el mal vence y deja una sensacional sensación de fatalidad y desesperanza, en unas páginas finales que dejan al lector tan tocado como maravillado, ante el fatal destino que se cierne sobre sus héroes.



Pero si este tercer número no es suficiente para devolver la fé a un género y a una industria que muchos dan y a veces dábamos por muerta, la fiesta continúa con el muy especial tie-in que Snyder, acompañado en la escritura por James Tynion y Joshua Williamson nos tenían preparados a los fans del Hombre Murciélago. Este regalo es el especial Batman Lost, una historia que redefine, reinventa y reúne tres momentos clave de la historia del personaje, en un ejercicio metalinguistico, reforzado por tres grande artistas como Doug Manhke, Yanick Paquette y Jorge Jiménez, donde se da un repaso reunificador a la historia del personaje, comenzando con la seminal "El Caso del Sindicato Químico", revalorizando y poniendo en contexto una historia tan olvidada como magistral.Una serie en tres partes aparecida en la serie regular de Batman, entre los números 452 y 454, llamada "Dark Night, Dark City", donde Peter Milligan y Kwieron Dwyer, entregaban una atmosférica historia donde le daban un background sobrenatural y terrorífico al pasado de Gotham y redefinían de manera brillante y aterradora al Riddler, terminando en la miniserie "The Return of Bruce Wayne" de Grant Morrison. Una miniserie central dentro de la extensa historia que comenzó Morrison hace una década aproximadamente y que se ha convertido, al igual que el tebeo de Milligan, en base fundamental del trabajo de Snyder en Batman y Metal.



Mucho queda aún para que este Metal termine. Es posible que Snyder, como le ocurre en muchas ocasiones, derrape en los últimos acordes de su relato y se nos salga por la tangente, desvirtuando todo aquello que había construido con tanto mimo. Espero que no sea así, porque creedme cuando os digo, que este Dark Nights Metal es uno de los tebeos de superhéroes más emocionantes e interesantes de la historia de DC en mucho tiempo y que si no se estropea en los próximos meses, se acabará convirtiendo en uno de esos "must-have" de la historia de la editorial, eterno e imperecedero.

11 de diciembre de 2017

Batman: Date Nights/Last Rites de Tom King, Lee Weeks y Michael Lark: Una verdadera joya

























Una de las cosas que DC Comics está haciendo muy bien en este resurgir editorial que viven los lectores desde hace año y medio, ha sido la diversificación de formatos y líneas editoriales, donde la editorial ha recuperado su línea prestigio, ha apostado por miniseries y especiales que dan una gran variedad de propuestas de muy distinto tono y que permiten al lector poder elegir entre una gran variedad de productos, muchos de ellos más que interesantes. Pero también, ha devuelto la trascendencia y la importancia a los especiales anuales, un formato que entre los años 60 y 80 se reservaba para historias especiales y trascendentales de la historia de los personajes. Así, tenemos el Fantastic Four Annual nº 3, que versaba acerca de la boda de Reed Richards y Sue Storm, o la Guerra de Asgard protagonizada y narrada en sendos anuales de Los Nuevos Mutantes y La Patrulla X, sin olvidar el anual nº 11 de Superman, con la fundamental historia "Para el hombre que lo tenía todo". Y los autores dedicados a las mismas se encontraban entre los más destacados de la industria, en cada una de las épocas en que fueron publicados. De los ejemplos mencionados anteriormente, destacar que sus autores eran, ni más ni menos, que Stan Lee y Jack Kirby, Chris Claremont y Arthur Adams, terminando con ni más ni menos que Alan Moore y Dave Gibbons.





Y esto exactamente es lo que pretende Tom King con este, su segundo anual para la serie regular del Hombre Murciélago. Lo primero que hace es rodearse de dos artistas como Lee Weeks y Michael Lark, autores amados por el buen aficionado y ninguneados por un fandom más interesado en los fuegos de artificio de otros autores mucho más exitosos pero de muy menor talento. Lark y sobre todo Weeks, entregan página tras página con una composición, una narrativa y un trazo que se encuentran entre lo mejor que puede dar de si el tebeo mainstream americano.



El guión de King no le va a la zaga. Porque si en la serie regular que King comanda en la actualidad nos está contando un momento trascendental en la historia del personaje, como es la petición de matrimonio a Selina Kyle, aquí nos cuenta en escasas 40 páginas y una capacidad de síntesis tan encomiable como bella y desgarradora, el inicio y el fin de esta mítica relación de pareja.



Es difícil trasladar las emociones y las sensaciones que embargan al lector a través de esta 40 páginas, que describen con precisión quirúrgica y con una sencillez aplastante, los parecidos y diferencias entre ambos miembros de la pareja, reflejados a través de la prosa de King en dos huérfanos náufragos, necesitados ambos de un ancla que les rescate de las profundidades del abismo emocional en el que se encuentran. Dos personajes tan parecidos en su pérdida, como diametralmente opuestos en su respuesta a la misma.



Nunca hemos visto a un Batman tan humano y frágil, ni a una Catwoman que no pierde un ápice de su sex-appeal, reconvertida en algo que va más allá del sueño erótico. Ni ningún guionista ha conseguido hasta el momento reflejar con tanto acierto que la pulsión que existe entre ambos va más allá del mero deseo sexual, rematando de nuevo con esa habilidad de cerrar el círculo marca de la casa King, una obra cuyas dos páginas finales devastarán al lector por su habilidad de emocionar con la mínima expresión y consiguiendo que las siguientes relecturas de un tebeo, que se sitúa desde ya entre las mejores obras del personaje, sea completamente diferente, conociendo su trágico pero bello y honroso desenlace.

8 de diciembre de 2017

Batman: Reglas de Compromiso de Tom King y Joelle Jones: Insuflando humanidad y emotividad al Caballero Oscuro





















En una decisión sorprendente, pero tan lógica en cuanto sea sopesada por el seguidor del Hombre Murciélago, Bruce Wayne le pidió matrimonio a Selina Kyle, alias Catwoman. La pedida ocurría en uno de esos tejados donde el Cruzado de la Capa y la ladrona más famosa de la historia del cómic habían compartido persecuciones, peleas y en algunas ocasiones, como en la polémica etapa de Judd Winick y Guillem March al frente de Catwoman, consumando pasiones tórridas.



Y así, tras la extensa y fascinante Guerra de las Bromas y los Acertijos, donde Bruce le contaba a Selina sus mayores pecados para que no hubiera secretos en su futuro matrimonio, llegamos a Reglas de Compromiso, una historia en tres partes, donde King vuelve a ser acompañado en el dibujo, por otro de los grandes lápices del panorama comiquero actual, la dibujante Joelle Jones.



La elección de Jones para esta corta pero intensa historia no es casualidad. Porque Reglas de Compromiso es una historia de mujeres bajo el sol de Oriente Medio, que trae al recuerdo el mítico enfrentamiento entre Ras al Ghul y Batman en la etapa de Denny O'Neil y Neal Adams. Aquí, Batman cede el protagonismo a dos mujeres empoderadas que han amado y en ocasiones perdido a un Bruce Wayne, que como bien dice Selina, no es el mejor espécimen de hombre del mundo como afirma contundentemente Thalia, sino un hombre falible y difícil, pero del que está enamorado Selina, consciente de las limitaciones y problemas de un amor que no ha pedido.



Ese Batman falible y tan humano, muy alejado del superhombre nietzchiano que puso de moda Miller, queda reflejado también en la brillante, divertida y punzante conversación entre Dick Grayson y Damian, donde King, aparte de afianzar la relación de ambos que desarrolló Morrison en su larga etapa, le sirve también para que veamos a Bruce Wayne de nuevo como un ser humano triste, oculto bajo la fachada de su miedo infantil, pero con la posibilidad de redimirse y ser feliz.



King consigue todo esto y además le regala al fan, tres tebeos que se devoran con fruición y emoción y donde el enfrentamiento físico entre las dos mujeres más importantes de la vida de Batman, son representadas tan bellas como poderosas, sin lugar a la explotación barata de su belleza, todo eso gracias a Joelle Jones, dibujante que es capaz de reflejar la belleza de la mujer sin convertirla en un objeto.



Pero el nuevo camino de Bruce y Selina no termina aquí. King continuará su historia en las páginas de una etapa que esperemos no acabe nunca y en un annual, publicado tras la finalización de esta etapa y acompañado con dos dibujantes de excepción, Lee Weeks y Michael Lark, que con su trazo elegante y clásico, nos adentrarán en una historia del pasado y un vistazo al futuro de esa pareja icónica que son Bruce y Selina, Batman y Catwoman.

5 de diciembre de 2017

Doomsday Clock 1 de Geoff Johns y Gary Frank: Entretenida pero superficial herejía


























Treinta años han pasado desde que el primer ejemplar de Watchmen apareciera en quioscos y librerías en los años 80 y provocara un vendaval en la industria del cómic de superhéroes, cuyos efectos todavía no han remitido. Su premisa, un mcguffin envuelto en un whodunnit, "¿Quién mató al Comediante?", le sirvió al guionista Alan Moore y al dibujante Dave Gibbons, para deconstruir un género, unas convenciones y unos personajes que pasaron a ser unos semi-desconocidos héroes comprados por DC Comics a la editorial Charlton, a unos sosías de los mismos, cuando DC decidió integrar a dichos personajes dentro de su universo tradicional.



Si Watchmen era un ejercicio de post-modernismo que entroncaba con la tradición instaurada por autores como Lucas y Spielberg de devolver el aroma de la aventura clásica de los años 30 a una nueva generación, este Doomsday Clock es la alternativa a ese nuevo post-post modernismo que ha caído sobre la saga galáctica: Supuestas nuevas historias que formalmente aluden a unas obras que ya de por si eran un ejercicio de post-modernidad, donde el guiño y el uso de los recursos que hicieron destacar a dichos trabajos sobre el resto de la producción de la época, sirven meramente como artefactos vacíos, donde la forma puede al fondo.



DC Comics ya intentó hace cinco años traer de vuelta una historia y unos personajes que posiblemente no necesitaba de más extensiones, pasadas o futuras, porque la obra de Moore y Gibbons era una obra cerrada que abría y cerraba una historia e incluso un género que no podía seguir discurriendo por los mismos derroteros, abocada a un callejón sin salida. DC juntó a algunas de las mejores firmas y artistas del cómic contemporáneo, para entregar unos tebeos que no se atrevieron a seguir indagando en la matemática y cerrada estructura formal de la obra original, intentando acercarse a un tono, que en el mejor de los casos, daba como resultado unos tebeos correctos pero muy lejanos a la excelencia de la obra que querían emular u honrar.



Pero la editorial propietaria de los mayores iconos del cómic de superhéroes americano no podía dejarlos tranquilos, decidiendo incorporar a las creaciones de Moore y Gibbons como amenaza en la sombra de una nueva DC, que intentó con gran exito, traer de vuelta el heroísmo y la luz a una editorial que malentendió el legado de Miller y Moore, convirtiéndo a dichos personajes e historia, en los males de la editorial. Así, a lo largo de año y medio, los personajes DC se han visto amenazados, en especial Batman y Superman, por unas némesis que ellos desconocen, pero que el público lector conoce de sobra, en un ejercicio metalinguistico digno de estudio.



Y así se llega a Doomsday Clock, la gran apuesta de DC Comics para ser el centro de la atención cada vez más menguante de la industria del cómic de superhéroes, empañando en el intento el muy atractivo Dark Nights Metal de Scott Snyder, al solapar la publicación de ambas obras en el tiempo. Y el lector al tener en sus manos el primer ejemplar se encuentra con emociones y pensamientos enfrentados. El ataque de nostalgia es evidente. La forma de este Doomsday Clock es idéntico en la superficie al Watchmen original. Tenemos la portada casi descontextualizada marca de la casa de la obra original. Una imagen de portada que luego continuaba en la primera página del tebeo, yendo a través de una composición de página matemática y obsesiva de nueve paneles, con permutaciones siempre en múltiplos de tres, que iba retrocediendo la mirada, desde un primerísimo primer plano, hasta llegar después de seis paneles, a un plano general que daba sentido y conjunto a las fragmentadas seis primeras viñetas.



El ejercicio, de unos muy aplicados Johns y Frankj, lo siguen emulando con un mimetismo que raya en algunos aspectos la obsesión enfermiza, en las primeras siete páginas. En el núcleo de la historia relajan las pretensiones de mimetización, pero vuelven a ello en la última página, donde la desolación y nostalgia de Búho Nocturno y de la que es testigo Silk Spectre, aquí es replicada, pero cambiando a dichos personajes por Clark Kent y Lois Lane.



Es aquí donde la apuesta de esta secuela de Watchmen -los acontecimientos de la obra original afectan a esta historia que se desarrolla seis años después del original- se reconvierte y la acerca a los preceptos más trillados del tebeo de superhéroes tradicional. El Watchmen original utilizaba la forma y el whodunit de la muerte del Comediante como punto de partida de un ensayo acerca de las líneas difusas entre el heroísmo y el vigilantismo. En cambio, en Doomsday Clock, si se mira más allá de la milimétrica emulación formal, lo que tenemos es simple y llanamente un misterio que no es un mcguffin, sino el centro mismo de la trama. ¿Qué relación hay entre Watchmen y el universo DC tradicional?. El misterio es lo único importante. Es mucho más banal y prosaico que lo que nos contó Moore y Gibbons y es por ello, que por muy entretenida e intrigante que pueda ser esta maxiserie de 12 números, y lo puede ser, leído el primer ejemplar, seguramente una vez las aguas vuelvan a su cauce y el tebeo esté finiquitado, será muy improbable que se convierta en una obra de referencia y de arduo estudio con el paso de los años, como fue y sigue siendo el Watchmen de Moore y Gibbons.

3 de diciembre de 2017

El Amante Doble de Francois Ozon: Un thriller erótico tan estiloso como de manual




















La sombra del maestro Hitchcock es alargada. Sino, que se lo digan a su discípulo Brian de Palma o a autores posteriores como Paul Verhoeven o el mismo Francois Ozon. Pero donde Hitchcock sugería el componente sexual en unos thrillers donde la censura obligaba al cineasta inglés a hacer gala de subterfugios para que el espectador pudiera intuir aquello que no podía ser hablado y mostrado, su sucesor, Brian dePalma, continuaba las piruetas y retruecanos visuales del autor de Vertigo, llevándolas al infinito y más allá, pero introduciendo de manera clara y sin subterfugios el componente sexual que pugnaba por salir en la obra de Hitchcock.



Francois Ozon a lo largo de su obra ha heredado el trabajo de ambos realizadores, hasta llegar a El Amante Doble, un thriller erótico de factura y técnica intachable, donde Ozon hace uso del tema central del doble en su puesta en escena, duplicando y superponiendo planos o creando caleidoscopios infinitos en ese juego de espejos visual que irónicamente es reflejo de la narrativa de la obra.

El Amante Doble no solo homenajea los trabajos de Hitchcock y sobre todo del dePalma de Vestida para Matar, Doble Cuerpo o la más reciente y reivindicable Passion, sino que también hereda el ambiente pegajoso, peligroso y sexual del Instinto Básico de Paul Verhoeven, con ecos del Perfect Blue de Satoshi Kon o el horror de la nueva carne Cronenbergiana.



Y así, en sus dos primeros actos, la película fluye con una tensión constante, donde nuestra protagonista, Chloé, reflejo en el fondo de la Catherine Deneuve de Repulsión de Polanski y de la Mia Farrow de La Semilla del Diablo en la forma. Marine Vacht, actriz que ya hizo un más que estimable trabajo junto a Ozon en Joven y Bonita, es los ojos del espectador en una cinta que no solo juega con las duplicidades y la paranoia, sino con un punto de vista que podría ser excesivamente subjetivo... o no.



Quizás la obra, que no es más que un juguete tan retorcido como divertido y que demuestra la habilidad de Ozon para la creación de atmósferas y la representación de una sexualidad reprimida, choca con un guión que en su acto final, como muchos de estos thrillers eróticos pasados, comienza a recurrir a lugares comunes y supuestos giros argumentales que intentan rizar el rizo pero que se ven a la legua, convirtiendo un trabajo que en sus primeros compases, promete más por la posibilidad de lo sugerido que de lo finalmente mostrado, pero que no quita para que sea una cinta que se sabe un juego macabro e intrascendente, pero que en ningún momento pretende ser más de lo que es, una atracción de circo.

1 de diciembre de 2017

Detective Comics: Un Lugar Solitario para Vivir. Reivindicando a Tim Drake y a todos los Robins en el proceso


 "Un Lugar Solitario para Vivir" trae al recuerdo y homenajea una de las sagas de principios de los años 90 más recordadas por el aficionado al universo del murciélago: "Un Lugar Solitario para Morir". Dicho mini-evento, guionizado por Marv Wolfman, fue un crossover que apareció en las series de Batman y Los Nuevos Titanes y que presentaba a Tim Drake, un inteligente joven que había descubierto la identidad secreta de Batman y cuyo sueño dorado era que Batman y Robin volvieran a estar unidos. No debemos olvidar que esta historia apareció dos años después de que Bruce Wayne perdiera a Jason Todd, su segundo Robin, a manos de El Joker, en la polémica "Una Muerte en la Familia", guionizada por Jim Starlin y dibujada por Jim Aparo.



Tim Drake acabó convirtiéndose en el tercer Robin. Un Robin que se volvió toda una estrella, haciendo olvidar a los lectores de la época el mal sabor de boca del ominoso y amargado Jason Todd y situándose muy a la par con el clásico Dick Grayson como gran compañero del murciélago. DC Comics supo aprovechar al personaje a principios de los 90, siendo una parte muy importante de los dos títulos mensuales del murciélago y siendo protagonista de tres miniseries guionizadas por Chuck Dixon y dibujadas por Tom Lyle, que se convirtieron en algunos de los tebeos más vendidos de esa era pre y post especulación.



La llegada del siglo XXI no le sentó bien a Tim Drake, ya fuera por la resurrección a manos de Judd Winick del añorado posteriormente Jason Todd, o por la creación y ascenso fulgurante del cuarto Robin, Damian Wayne, hijo de Bruce y también del guionista Grant Morrison en su laureada etapa al frente del personaje. Tim no tenía ni el aura de rebelde sin causa de Jason Todd, ni los galones y el clasicismo de Dick Grayson, ni la arrogancia y el carisma del fabuloso Damian Wayne. En definitiva, Tim Drake había perdido su sitio.



Ha tenido que llegar este DC Rebirth y un guionista como James Tynion IV a la cabecera de Detective Comics, para demostrar dos cosas: la primera, que Tynion es un magnífico guionista, que ama y conoce este universo y a sus personajes como la palma de su mano y que Tim Drake es un elemento fundamental del universo del Cruzado de la Capa. Y así, Tynion tuvo que aparentar que Drake había muerto, para que Batman y su séquito y sobre todo los lectores, nos diéramos cuenta que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.



Aproximadamente un año después, aunque Tynion ya nos había mostrado brevemente que Tim estaba secuestrado por Mr. Oz, el tercer Robin vuelve por la puerta grande. Y lo hace en una historia en cuatro partes, que demuestra la habilidad y la concisión de Tynion para construir una historia épica que deja de lado en las páginas iniciales el misterio de Mr. Oz, ya que Jurgens en paralelo descubría su identidad en las páginas de Action Comics, para centrarse en diseccionar el legado de los Robins y definir perfectamente a cada uno de ellos, quedando representado en una doble página que sugiere un posible futuro para todos ellos, que romperá el alma a todo seguidor de los personajes.



En el apartado gráfico, a Tynion le acompañan sus dos dibujantes rotatorios en las páginas de Detective Comics: Eddy Burrows y Álvaro Rodríguez. Y de nuevo, hacen un excelente trabajo, en 80 páginas frenéticas que van de la espectacularidad a la intimidad sin que eso frene el frenético avance de tramas y subtramas que se van solapando a velocidad de vértigo, resolviendo cabos pendientes de anteriores relatos y dejando entrever un posible futuro, tanto de los personajes como de la colección, que vuelve a demostrar que este Detective Comics no es un serial secundario a la sombra del título principal, Batman, sino que es una serie y una etapa tan o igualmente importante que el Batman de King, pero con su propio estilo y tono. 



En definitiva, un fabuloso tebeo de superhéroes a la antigua usanza, un homenaje y reivindicación de la figura de Tim Drake que ya hacía falta y un paso más para afianzar una etapa que pasará a la historia como un pequeño título de culto que será reivindicado en las próximas décadas, con el mismo regusto del tebeo artesano bien hecho, como lo fue la etapa de Alan Grant y Norm Breyfogle al frente de Batman y Detective Comics.





29 de noviembre de 2017

The Neon Demon de Nicolas Winding Refn: La pesadilla de la banalidad




Una niña/mujer/muñeca yace muerta con la garganta cortada en una pristina butaca que bien podría pertenecer al palacio de Versalles en la época de Maria Antonieta. La cámara retrocede para mostrar al espectador que esa estampa no es más que un decorado artificial y que lo que vemos no es real, sino una representación de lo real. Así comienza The Neon Demon, una visión descarnada del precio de la fama, que parece seguir la estela de obras como Eva al Desnudo o Showgirls, pero que atesora un veneno y una inteligencia en su interior que como el universo y los personajes de la película de Nicolas Winding Refn, no aparenta a primera vista.






Winding Refn, a través de largas y sinuosos travellings y planos generales, nos muestra un universo vacío de vida, donde el mundo de la moda y la belleza, esconden a un conjunto de seres amorales que viven única y exclusivamente por y para su exterior. Un exterior que es la única moneda de cambio en un entorno donde los personajes y sus protagonistas se convierten en objetos de un decorado artificial y artificioso que se convierte en la esencia de la cinta del director de Drive, donde Refn, al igual que los fotógrafos que trabajan con Jesse, la protagonista de la cinta interpretada por Elle Fanning, usan y abusan de estos bellos y frágiles objetos superficiales cuyo interior contiene la nada.






Ese vacío existencial en el que viven sumidos los personajes de este The Neon Demon, solo respira a través de las pulsiones de unos personajes sumidos en su doble estado de alimento y sexo, en alusión a la elección que le hace tomar el personaje de Jenna Malone al de Elle Fanning en la conversación sobre que tipo de pintalabios la define. Un personaje, maquilladora de vivos y de muertos, exenta y anhelante del contacto con la vida, que busca a través de la pulsión sexual la recarga de vida que ha perdido a lo largo del contacto con unas criaturas vampiras de vida.








Winding Refn representa este descenso a los infiernos de la belleza absoluta, una belleza vacía, pero que como dice un personaje en el transcurso del filme, no es lo más importante, sino lo único importante, a través de una paleta cromática que además de hacer uso del espacio negativo para reflejar la opresión de un estilo de vida del que la protagonista y nuestra sociedad es incapaz de escapar, a través del azul y el magenta, en escenas visualmente subyugantes y que sirven como Caronte cromático del camino a los infiernos de una joven e inocente niña de provincias que cae rendida ante los encantos y el brillo de un “Demonio de Neón” que tras sus apabulllante empaque visual, esconde o la nada, o el mayor de los horrores, en un tercer acto ya sugerido en la secuencia de apertura, que transforma la obra en una suerte de película “trash”, fiel reflejo de unas protagonistas y un sub-mundo que muere por dentro, mientras su exterior permanece inmutable como las momias embalsamadas de un mausoleo.

27 de noviembre de 2017

Action Comics The Oz Effect de Jurgens, Bogdanovich y Sook: ¿Hace falta un Superman en estos tiempos aciagos?




















Los tiempos aciagos que lleva viviendo nuestro mundo desde principios del presente siglo, ha transformado la percepción que tenemos del concepto de heroísmo y los mismos héroes de las viñetas han sufrido un revulsivo en estas últimas décadas a costa de un siglo XXI donde la amenaza del terrorismo y la seguridad, las crisis económicas, la precariedad laboral y social, además del recorte en las libertades y la grave crisis de valores que vivimos, debido a los escándalos políticos y financieros, han provocado un alto grado de nihilismo entre todos los que habitamos este planeta.



Si echamos la vista atrás, nuestros héroes han sufrido un oscurantismo donde los conceptos de paz, libertad y democracia, representado sobre todo en un personaje como Superman, han ido virando, tanto en ese Nuevos 52 de infausto recuerdo para los aficionados, como en la polémica versión cinematográfica de Zack Snyder que comenzó con el largometraje El Hombre de Acero.



Pero en DC Rebirth, la editorial de Superman, Batman, Wonder Woman y demás iconos del siglo XX, han tomado la decisión de volver a tomar la senda de la luz, con un regreso progresivo de unos héroes que se habían ido echando a perder por capas y capas de cinismo y oscurantismo que no conseguían hacer que los personajes y las historias transmitieran ese halo de esperanza que necesita el género y el primer motivo por el que de niños nos acercamos a estos héroes de fantasía: porque traían esperanza y sabíamos que harían lo correcto.



No es secreto para nadie que la lucha entre la luz y la oscuridad se librará en la recién estrenada en Estados Unidos Doomsday Clock, el gran evento de DC Comics que enfrentará a los héroes de la editorial con las creaciones de Moore y Gibbons, los iniciadores de esta caída a las tinieblas del género. Pero a lo largo de los dos últimos años, la editorial ha ido diseminando pequeñas pistas y misterios, sobre todo en las series regulares de Superman, donde se nos presentó a un misterioso individuo llamado Mr. Oz y que lleva mucho tiempo espiando al Hombre de Acero y a su entorno, además de ir secuestrando a una gran parte de los héroes y villanos del universo DC y que fue presentado en la etapa de Geoff Johns y Romita Jr en la serie regular de Superman, en los estertores de Los Nuevos 52.



Y llegamos a este "Efecto Oz" que promete y entrega la revelación de quién es este misterioso personaje, del que muchos sospechábamos que era Ozymandias. Y no, no lo es, pero sin desvelaros el misterio, decir que entronca con las raíces de la creación de Siegel y Shuster y que no dejará indiferente. Su revelación, hará tambalear las creencias de Superman, en un enfrentamiento entre dos posturas, el optimismo y la desesperanza, que aunque algo básico, su guionista, el veterano Dan Jurgens, desarrolla en cinco partes con correcta destreza, siendo en algunos momentos tan naive como el Hombre de Acero en la manera de plantear la solución de conflictos reales, pero que demuestra su capacidad para que sus cinco ejemplares cundan en contenido como las grapas de antaño.



También le sirve a Jurgens para volver a situar al último hijo de Krypton como el adalid y el centro de la esperanza de un universo DC que pugna por surgir de las tinieblas, un trabajo que ya está realizando de manera encomiable Peter Tomasi en la otra serie dedicada al personaje. Pero además, Jurgens entrega aquello que la publicidad prometía, resolviendo los misterios propuestos y avanzando un pasito más a ese Doomsday Clock que se presupone será la salida definitiva de la oscuridad, para que el universo DC abrace una nueva etapa repleta de luz y esperanza.

24 de noviembre de 2017

Mindhunter de David Fincher: El camino a la obsesión














Si hubiera que definir en pocas palabras la obra de David Fincher, podría definirse como el cine de la obsesión. Porque desde su verdadera primera obra, Seven -obviemos su accidentada ópera prima, Alien 3, donde poco pudo hacer el cineasta- hasta este Mindhunter que nos ocupa, la obra y los protagonistas de Fincher viven petrificados en su obsesión.



No es casual que la puesta en escena del cineasta haya ido cambiando a lo largo de dos décadas, desde sus primeras, excelentes, pero en algunos momentos efectistas primeros trabajos -Seven, The Game, Fight Club y The Panic Room- hasta sus más recientes obras, siendo la punta de lanza de la misma Zodiac, cuyo legado se deja ver en trabajos como La Red Social y esta nueva serie para Netflix, llamada Mindhunter.



Fincher ha sabido deconstruir su estilo, tanto visual como narrativo, hasta quedarse en la esencia, en lo básico, aparentando ser formalmente sencillo, pero ocultando bajo esas formas elegantes, una narrativa compleja, siendo su mejor exponente La Red Social. Mindhunter sigue la estela tonal de dicha obra, con la obsesión de un protagonista que no es ni más ni menos que un sociópata con apariencia de ser humano. Y es ese bullir interior de los personajes de Fincher que han sabido encontrar su forma en ese aspecto visual aparentemente contenido en el exterior, pero inexpugnable en su interior, plasmado visualmente en esos puntos de fuga que dejan entrever sutilmente al espectador las capas de profundidad tanto de la obra, como de sus personajes.



Mindhunter es heredera del interés de Fincher de la cultura y la obsesión contemporánea por los "serial killers" y la influencia en nuestra sociedad de los mismos. Elementos perfectos para una obra que se nutre de individuos escindidos de la sociedad y que solo algunas veces se dejan ver tal y como realmente son. Si Seven fue su primer acercamiento al llamado thriller psicológico, un ejercicio de estilo que atesoraba un caramelo envenenado en su interior que demostraba en su fascinante acto final que la película era mucho más que la típica historia de la caza del asesino, Zodiac, su primera obra de madurez, demostró que el cine de asesinos en serie era un vehículo excelente para contarnos no solo la obsesión humana, sino también la soledad y la falta de comunicación en nuestra sociedad contemporánea.



En Mindhunter, Fincher aprovecha la extensión del relato seriado para desarrollar pausadamente aquello que solo podía quedar intuido en su inquietante Zodiac, volviendo a demostrar que sus facultades para crear una atmósfera, un tono y un estado de ánimo siguen intactas, en esta historia basada en hechos reales, sobre la investigación de dos agentes de FBI, a finales de los años 70, para desentrañar las mentes y los métodos de una nueva clase de criminal que los antiguos métodos no eran capaces de comprender. Y así, Fincher nos muestra a través de los ojos de su trío protagonista, como el horror hace mella y cambia a las personas que se acercan a ese entorno viciado y plantea la pregunta que yace en el espectador tras ver estas aproximadamente 10 horas, ¿realmente los asesinos en serie son tan diferentes al resto de los mortales?.

22 de noviembre de 2017

Imperio Secreto Mes 3: Levantando levemente el vuelo






































En este tercer mes del evento, Nick Spencer pone la directa, entregando dos ejemplares que cierran el segundo acto de una saga que ha ido de más a menos, pero que en su séptimo ejemplar ha recuperado el brío. Centrándonos en la serie central, tenemos un episodio 6 que se centra principalmente en el ataque de Hydra a la base rebelde de Tony Stark con revelación mediante del traidor entre las filas de la resistencia, cuyo descubrimiento y excusa para conseguirlo es lógico pero tremendamente tópico. Poco ayuda en este ejemplar la desgana y las prisas de un Leinil Yu que sigue entregando un trabajo por debajo de la media, en un tebeo donde es destacable únicamente la conversación entre Steve y Banner, con su alter ego esmeralda de por medio.





En cambio, el séptimo capítulo de la saga nos devuelve al mejor Spencer, donde la sombra de las premoniciones de Civil War 2 se hacen presentes y tenemos, por supuesto sin revelar nada, un combate excelso entre dos pesos pesados e iconos de la editorial, una muerte dramática, que queda algo deslucida por una narración y composición algo confusa del por otra parte siempre excelente Andrea Sorrentino y una decisión fundamental para un personaje de nuevo cuño de la casa de las ideas, que definirá su destino.






En cuanto al maremagnum de tie-ins de este mes, quizás por el momento el mayor que hemos tenido en los meses que lleva la saga en circulación, destacar como imprescindible el ejemplar de la serie regular del Capitán América, donde Spencer nos entrega dos ejemplares a leer tras el séptimo capítulo de la serie central y donde hace un repaso psicológico certero de los dos Capitanes América que tenemos en liza y sobre todo, dos conversaciones míticas entre Rogers y Odinson y sobre todo entre Rogers y su antigua amada y traicionada Sharon Carter.






Medianamente centrales son los ejemplares de este mes de las series regulares dedicadas al Doctor Extraño y Patrulla X Azul. El primero continua con los intentos del maestro de las artes místicas de salvar Manhattan de las fuerzas oscuras, en un trabajo correcto del equipo interino del serial formado por Dennis Hopeless y Niko Henrichon. Patrulla X Azul se desvía hacia esa nueva nación mutante liderada por Xorn y una Reina Blanca que ha vuelto a sus oscuros orígenes, siendo un soplo de aire fresco y un punto de arranque atractivo para una franquicia necesitada de lineas argumentales atractivas, siendo esta un buen ejemplo.






Terminamos con los tie-ins cuya implicación en el evento central es muy pero que muy tangencial. Comenzamos con Patrulla X Oro, donde aprovechando que están dentro de esa Nueva York cerrada por las fuerzas del mal, Guggenheim entrega sus dos mejores ejemplares en esta poco memorable etapa de los mutantes, consiguiendo esta vez si, darle ese toque clásico a la serie y a unos personajes que esta vez si, suenan a auténticos. Campeones, la serie de Waid y Ramos, se remonta al comienzo del evento, antes que los jóvenes héroes Marvel se unieran al escuadrón de la Viuda Negra, en un tebeo que sigue la línea correcta de sus ejemplares previos y que debía haber sido publicada un par de meses antes. Finalizamos con el ejemplar mensual de Los Vengadores de Mark Waid, de nuevo acompañado por Mike del Mundo, tras los dos fill-ins de Phil Noto, donde Waid nos descubre que pasó con Jane Foster tras ser enviada a otra dimensión por un Steve Rogers que se apropió de su martillo. Del Mundo entrega un trabajo muy cercano en tono a sus Relatos Salvajes junto a Aaron en un tebeo correcto que aporta poco, tano a Imperio Secreto, como a la serie regular de un irregular Waid.








Y hasta aquí el repaso a este tercer mes de Imperio Secreto y aproximándonos a su recta final, a publicar el mes de diciembre, esperando que los tres ejemplares que quedan para terminar, atesoren los aciertos de un séptimo capítulo que ha conseguido estar a la altura de su prometedor arranque.
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